13 de julio de 2012

El triunfo de la Muerte, de Peter Brueghel el Viejo

EL TRIUNFO DE LA MUERTE
de
Peter Brueghel el Viejo

La Danza de la Muerte
Durante la Edad Media, los europeos tenían una muy baja esperanza de vida, por eso estaban muy concienciados ante la muerte, especialmente tras la Peste Negra que asoló Europa en el siglo XIV. Hasta tal punto que se creó un género propio en el arte, la llamada "Danza de la Muerte". El teatro, la poesía, la escultura o la pintura, representaban con frecuencia este tema como recordatorio de lo único cierto en la vida, que el ser humano acaba sucumbiendo. Lo utilizaban con un fin moralizante y a la vez satírico, criticando un mundo lleno de vanidades.

Sin importar que fuesen niños o ancianos, ricos o pobres, nobles o campesinos, sacerdotes o caballeros, hombres o mujeres, la muerte les alcanza a todos, iguala a todo el mundo. Por eso se representaba a la Muerte "bailando" con los diferentes miembros de la sociedad: reyes, papas, doncellas, siervos... nadie puede negarle un baile.

Grabado representando la Danza de la Muerte

Un paisaje desolador
Jeroen Bosch (El Bosco) o Hans Holbein el Viejo ya habían utilizado este tema, y en 1562 lo hace Peter Brueghel el Viejo con este cuadro "El Triunfo de la Muerte" donde un ejército de esqueletos arrasan con todo lo que se cruza a su paso. Ahogados, decapitados, ahorcados, degollados, quemados... las personas representadas mueren de todas las formas posibles. En el centro de la composición, la Muerte, montada en un famélico caballo y blandiendo su guadaña, carga contra un grupo de personas empujándolas a una especie de ataud gigante. En el fondo el paisaje se pierde en un caótico conjunto de casas quemadas, tierras valdías y barcos naufragados. Por todas partes Brueghel coloca objetos que recuerdan las vanidades de la vida: instrumentos musicales, juegos de naipes, monedas de oro y plata, suculentos manjares; y de la imperturbabilidad de la muerte: el reloj de arena, la vela que se apaga, la cruz, el agua que se derrama. Igualmente pinta a gente de toda condición: reyes, caballeros, doncellas, peregrinos, clérigos, bufones... Sin duda uno de los detalles que más impactan en el cuadro es el tono satírico y macabro que le da el pintor, algo que se ve muy bien en la actitud de los esqueletos, que muchas veces actúan burlándose de sus víctimas.

Los detalles



A penas perceptible en el centro del cuadro, la Muerte, cabalga sobre un famélico caballo pajizo,  empuñando su guadaña contra una multitud de personas a las que empuja, con ayuda de su ejército de esqueletos, hacia un ataud gigante.








En el lado izquierdo de la pintura un grupo de esqueletos tañen unas campanas improvisadas sobre un árbol, imitando a las de una iglesia, para anunciar a todo el mundo que la hora ha llegado, que el baile ha comenzado. Junto a ellos otro grupo se dedica a desenterrar ataudes, mientras en el fondo otros talan los árboles convirtiendo la tierra en un erial.




En la esquina inferior aparece el emperador, vestido con armadura pero enlucido con su capa de armiño, su corona y su cetro. A pesar de su poder y sus riquezas no puede escapar a la muerte. A su lado un esqueleto le muestra un reloj de arena, señalando que su tiempo ya ha acabado, mientras tanto otro de sus macabros compañeros juega con las monedas de oro y plata de unos toneles.






En la esquina derecha está el detalle más curioso del cuadro, donde un grupo de nobles han visto interrumpidos sus juegos y comida por la llegada de los siervos de la muerte. Sin embargo una pareja de enamorados, ajena a todo lo que les rodea, se entretiene cantando y tocando, ni siquiera son conscientes del mal que les amenaza. Una gran alegoría de la ceguera del amor. Junto a ellos un esqueleto se burla de la escena uniéndose al concierto con un instrumento.



En otra de las pequeñas escenas que se aprecian en la lejanía, se representan tres de las formas más comunes de ejecución en la Edad Media: por decapitación, por ahorcamiento, y sin duda la más monstruosa, la rueda (donde a la víctima se le dislocan las extremidades y se le rompen las costillas para después dejarla a la intemperie, aun viva, atada sobre una rueda y levantada sobre un poste)











Un esqueleto conduce una carreta llena de calaveras, lleva un farol y una campanilla para abrirse paso, mientras su compañero toca un instrumento alegremente. Tras ellos otro grupo toca con estruendo sus trompetas junto a una gran cruz y vestidos con togas. En la laguna que hay a sus pies sus compañeros se dedican a pescar a aquellas personas que pretenden escapar nadando.