13 de agosto de 2012

La cena de Emaús, de Caravaggio


LA CENA DE EMAÚS
de
Caravaggio


Michelangelo Merisi
A caballo entre el siglo XVI y el XVII, ante los inicios del Barroco, vivió Michelangelo Merisi de Caravaggio, sufriendo los vaivenes de la vida: desde las penurias de sus primeros años, pasando por su rotundo éxito en Roma, para acabar exiliado y olvidado después de su muerte. Sorprendió al mundo de su época con unas pinturas innovadoras basadas en dos pilares: el tenebrismo y el naturalismo. Eso hizo que se creara una legión de seguidores por toda Europa que imitaron fielmente su estilo, los llamados caravaggistas, como Georges de La Tour, José de Ribera o Artemisa Gentileschi. Pero al mismo tiempo, otros sectores le criticaron duramente considerándole un pintor vulgar. Sin duda sus obras provocaban la más ciega admiración o el más absoluto rechazo.

Roma de noche
Su vida privada, que parece sacada de una novela de capa y espada, es tan interesante como su obra. Vividor y pendenciero, frecuentó los barrios bajos de Roma donde se emborrachaba, jugaba a los naipes y terminaba involucrado en alguna pelea. De ese mundo callejero sacó a muchos de los modelos de sus cuadros. Al final, ese modo de vida le llevó, en el año 1606, a matar a un hombre durante una reyerta, por lo que fue procesado y tuvo que huir de Roma, al exilio, en la cúspide de su carrera.

El pasaje bíblico
En el cuadro de la Cena de Emaús, se relata un pasaje del Evangelio de San Lucas. En este, dos discípulos de Jesús, al huir de Jerusalén tras su muerte, se encuentran por el camino a un joven desconocido que se les une, cuando llega la noche deciden buscar refugio en Emaús y comparten la cena en una posada. En un momento de la misma, Jesús bendice el pan que van a comer, y los discípulos, ante este gesto, se dan cuenta que aquel joven era en realidad su maestro resucitado. Caravaggio ha elegido el momento más teatral de la cena, congelando la imagen en el instante en que Jesús extiende su brazo para bendecir el pan, mientras sus discípulos gesticulan y se agitan en sus asientos, el posadero en cambio no parece reaccionar al no entender qué está sucediendo.

Tenebrismo y naturalismo
Esta pintura muestra muy bien las dos grandes características de la obra de Caravaggio. Por un lado el tenebrismo, es decir, el fuerte claroscuro o contraste de luz y sombra en un cuadro. La mayoría de la escena queda en penumbra, haciendo destacar con más fuerza las zonas resaltadas por la luz, y logrando una gran sensación de volumen en las figuras. Por otro lado el marcado naturalismo, es decir, la representación de la realidad de una forma cruda, sin omitir los detalles desagradables, sin idealizar. De tal manera que al pintar a unos viajeros de clase humilde que se disponen a cenar después de un largo viaje, lo hace mostrando unas ropas sencillas, sucias y desgarradas por el uso, con unos rostros y cuerpos de gente corriente; y no a un grupo de héroes griegos, con el torso medio desnudo y marcada musculatura, como sucedía en el Renacimiento.

Los detalles




Caravaggio pinta a Jesús con el aspecto del Buen Pastor, joven y sin barba, por eso no le reconocen sus discipulos. Viste de rojo, el color de la Pasión, y de blanco, el color de la pureza. Extiende su mano derecha hacia delante, en escorzo, para bendecir los alimentos. No tiene ninguna aureola, lo que sumado a su rostro vulgar, provocó muchas críticas en la época, al representar una imagen santa de un modo tan profano.



La figura de Santiago marca un fortísimo escorzo, de gran dificultad técnica, con sus brazos totalmente extendidos, mostrándonos la profundidad de la estancia. Simbólicamente su postura se asemeja a la de una cruz. Su mano izquierda parece salirse del cuadro hacia el expectador. Se identifica fácilmente al apóstol por su traje de peregrino, incluida la venera sobre el pecho.

Sobre la mesa se representa un bodegón, muy típico en las obras del Barroco y también del propio Caravaggio, que siempre le da un toque especial al pintar las frutas ya bastante maduras, con manchas e imperfecciones. El cesto sobresale del borde de la mesa, ayudando a crear mayor profundidad, un detalle que utilizó en varios de sus cuadros. La fruta elegida es muy simbólica: la manzana y el pecado original; la uva negra y la muerte, la uva blanca y la resurrección, la granada y la Pasión.





Otros cuadros del artista, en alta resolución, de la pagina Art Project Google:
http://www.googleartproject.com/artist/michelangelo-merisi-da-caravaggio/4128013/