13 de diciembre de 2012

La clase de danza, de Edgar Degas


LA CLASE DE DANZA
de
Edgar Degas



Impresionistas
A Eddar Degas se le suele conocer como "El pintor de bailarinas", por la gran cantidad de cuadros que dedicó al ballet, pero donde no nos muestra el espectáculo oficial, sino los ensayos y el duro trabajo que hay detrás de la danza. El ballet, el teatro, la carrera de caballos, el paseo por el bulevar, el almuerzo en el jardín, eran actividades comunes a la sociedad burguesa parisina de finales del XIX, y también se convirtieron en un tema recurrente para los pintores del Impresionismo, al que pertenece Degas junto con otras figuras como Monet, Renoir o Pissarro. Este grupo de artistas surgió en 1874, cuando decidieron crear un salón de exposiciones alternativo al arte oficial del Salón de París, donde triunfaba el estilo academicista. La crítica les denominó despectivamente como impresionistas, en referencia a la obra de Monet: "Impresión, sol naciente", despreciándoles por representar escenas mundanas y por el aspecto inacabado de sus obras, que solamente se centraban en plasmar la "impresión" producida por la luz y el color. Sin embargo esa fue precisamente su mayor aportación, haber desarrollado la representación de la luz y el color como nadie había hecho hasta entonces, marcando el inicio del arte moderno.

El cuadro
En "La clase de danza", uno de los aspectos que más destaca es la composición y la perspectiva. Degas nos muestra uno de los salones de la Ópera de París, que vemos diagonalmente, de una forma un tanto asimétrica, y con una gran profundidad marcada por las líneas del entarimado. El maestro de danza se sitúa en el centro de la sala, las bailarinas forman un semicírculo a su alrededor. En el fondo de la estancia se agrupan el mayor número de figuras, contrastando con el vacío del primer plano, donde el espectador se cuela para observar la escena.

Luz y color
Como buen cuadro impresionista, la luz y el color se han utilizando de forma excelente. La luz procede de unos grandes ventanales situados a la derecha, pero que vemos reflejados en el gran espejo de la izquierda. Por tanto Degas nos muestra el foco de la luz de forma indirecta, algo que le permite jugar con el efecto de la luz sobre la superficie del espejo. Dominan los colores terrosos junto con el blanco de las bailarinas, pero salpicado con fuertes toques de colores más vivos, especialmente el rojo, azul y verde, de los lazos de las muchachas.

La fotografía
Edgar Degas era además aficionado a la fotografía, una novedad que se iba difundiendo cada vez más a finales del siglo XIX. Era frecuente que realizase fotos de los lugares que después iba a recrear en sus cuadros. Por eso sus obras siempre tuvieron un aire fotográfíco, especialmente por su forma de enfocar las escenas, cortando las figuras y los objetos como si se tratase de un encuadre fotográfico. En este caso vemos como el piano o las bailarinas de los lados, no aparecen de cuerpo entero, sino cortadas bruscamente.

Los detalles






La figura central, el único varón de la sala, es un anciano Jules Perrot, famoso bailarín de la época que en su madurez fue maestro de danza y coreógrafo de la Ópera de París. Sostiene en sus manos el bastón con el que marca el ritmo y corrige los movimientos de las muchachas. Lleva un discreto traje gris que parece mimetizarse con el entarimado y quedar en segundo plano frente al blanco de las bailarinas, algo que no le impide ser el centro de la composición.





Mientras el maestro de danza da algunas explicaciones, las jóvenes se muestran en actitudes muy naturales, una de ellas se rasca intensamente la espalda, una postura muy poco convencional para un cuadro. Mientras otras compañeras se ajustan un  pendiente, se abanican distraidamente o se muerden nerviosas las uñas.




También aparecen otros detalles curiosos, como la presencia de un pequeño terrier a los pies de una bailarina, o una regadera, usada para humedecer el suelo evitando que se levante polvo, y que contiene la firma del artista: Degas.








En el fondo del cuadro junto a las bailarinas aparecen sus madres, vestidas con trajes oscuros o rojos. Asisten a los ensayos desde un segundo plano, pero también están allí para proteger a sus hijas, ya que el oficio de bailarina no estaba bien considerado en aquella época y era frecuente que las jóvenes fuesen atraídas por desaprensivos a la prostitución.








El cuadro en alta resolución en la pagina Art Project, de Google:
http://www.googleartproject.com/es/collection/musee-dorsay-paris/artwork/the-ballet-class-edgar-degas/486057/