13 de enero de 2013

El arte de la pintura, de Johannes Vermeer


EL ARTE DE LA PINTURA
de
Johannes Vermeer van Delft


La obra
Conocido con varios nombres: La Alegoría de la pintura, El estudio del artista, o el mucho más adecuado, El arte de la pintura -ya que así aparece en el inventario que hizo la esposa de Vermeer tras la muerte del pintor-, es una de las obras más grandes del artista de Delft, al menos en cuanto a tamaño se refiere (120 x 100 cm). El cuadro, pintado en 1666, está considerada por los especialistas como una de sus obras maestras, realizada en el apogeo de su carrera, es un auténtico compendio de su estilo. Se trata de uno de los lienzos favoritos de Vermeer, como demuestra el hecho de que siempre se negase a venderlo, a pesar de las acuciantes deudas de su familia y las suculentas ofertas que se hicieron por él. Al parecer no se trata de una obra hecha por encargo, sino realizada por puro placer, quizás con el fin de exponerla en su casa como una ejemplo de su estilo para mostrar a sus posibles clientes.

Una ventana abierta al espectador
El arte de la pintura, no presenta una de sus típicas escenas costumbristas con la vida cotidiana de las mujeres en los Países Bajos del siglo XVII. En este caso el pintor de Delft va más allá, sigue estando presente la figura femenina, pero no acapara todo el protagonismo, ya que esta vez el pintor ha optado por mostrarse así mismo en el momento en que elabora una de sus obras. Algo muy de moda durante el Barroco, el pintor autorretratado mientras pinta uno de sus lienzos, como ya lo habían hecho Velázquez o Rembrandt. Pero además Vermeer también ha añadido un guiño al espectador, al que invita a entrar en la estancia mediante la cortina del primer plano, corrida por una mano invisible, y con una silla preparada para que nos sentemos y observemos. Aparentemente el tema del cuadro y su título podría ser El estudio del artista, pero al observarlo con detenimiento se aprecia enseguida que su sentido es más profundo y complejo.

Los detalles



Sentado de espaldas, con un jubón negro acuchillado, pantalones bombachos y las medias rojas, Vermeer se autorretrató con ricos ropajes, a la moda de la época. Sin embargo no se trata de una ropa muy adecuada para ponerse a pintar. Tradicionalmente se ha interpretado este detalle como una forma de reivindicar la figura del pintor como un artista, creador de arte, y no como un artesano que se ensucia en su trabajo. Además tampoco vemos en la escena los diferentes instrumentos propios del oficio, solamente tenemos el caballete, el lienzo, el pincel y el tiento -la vara sobre la que apoya su mano derecha para mejorar el pulso a la hora de dar pinceladas-, por tanto parece que para Vermeer, en realidad, el tema de su cuadro no es el estudio del artista. La clave quizás está en el lienzo que está pintando, donde solo vemos la corona de laurel que lleva la muchacha, símbolo de la gloria eterna, un detalle que para algunos críticos muestra el sentido real del cuadro: la autorreivindicación artística de Johannes Vermeer, que no gozó en vida del reconocimiento esperado.




La mujer, protagonista constante de sus cuadros, no aparece vestida a la usanza de la época, sino disfrazada, ataviada de una forma un tanto extraña, aunque fácil de reconocer por cualquier historiador. Representa a Clío, la musa de la Historia, con sus atributos tradicionales: la corona de laurel, simbolizando la Gloria; la trompeta, símbolo de la Fama; y un libro de Tucídides, el historiador griego, simbolizando el Conocimiento.  Junto a ella hay una mesa con libros y telas, que quizás se ha probado previamente para representar el papel de Clío. Destaca especialmente una máscara de piedra, probablemente una referencia a la escultura. La elección de la musa de la Historia parece defender la idea de que Vermeer buscaba reivindicarse mediante este cuadro, esperando que su nombre y su obra quedasen en la memoria y tuviesen un lugar en la Historia del Arte.



El tercer gran protagonista, aunque en este caso no se trata de una persona, es el gran mapa que decora el fondo de la estancia. Vermeer ya había incluido mapas similares en otras obras, pero eran de menor tamaño o tenían un papel secundario. En esta ocasión se entretiene en pintar uno de grandes dimensiones y detalles. Se trata de un mapa de las Diecisiete Provincias de los Países Bajos realizado por Cleas Jansz Visscher. Como en otros mapas de la época, está orientado con el oeste en la parte superior, y no con el norte como se hace en la actualidad. A los lados aparecen paisajes de las principales ciudades neerlandesas.



El mensaje político
La elección del mapa es muy particular, teniendo en cuenta que el cuadro se pintó en 1666. Por aquella fecha, el estado de las Diecisiete Provincias, una de las posesiones de los Habsburgo españoles, ya había desaparecido tras la Paz de Westfalia de 1648, quedando dividido en dos: al norte las Provincias Unidas de religión calvinista (futura Holanda), a la que pertenecía el pintor; y al sur los Países Bajos españoles, de religión católica (futura Bélgica). El hecho de que en la lámpara que cuelga del techo aparezca el águila bicéfala, símbolo de los Habsburgo, y que al parecer Vermeer, de familia protestante, se había convertido al catolicismo tras su matrimonio, ha hecho pensar que el pintor, veladamente, se posicionaba a favor del bando católico de los Habsburgo, o como mínimo, denuncia el resquebrajamiento y fragmentación de los antiguos Países Bajos. Igual que le sucede al mapa, lleno de grietas y cuarteado.

La luz
Por último, como en todas las obras del pintor de Delft, la luz tiene una importancia vital. Aunque no vemos su origen, suponemos que proviene de una ventana tras la cortina de nuestra izquierda. Ilumina toda la estancia, especialmente a Clío, sobre la que recae la luz de forma más directa, destacándola sobre el resto. Sabiamente el pintor ha colocado en el cuadro objetos con variadas texturas, como las diferentes telas de los vestidos, la  madera del caballete, el metal de la trompeta, de la lampara, o de los remaches de la silla, el mármol del suelo, la piedra de la máscara... La luz incide sobre ellos de formas muy diferentes, pero perfectamente reflejadas por Vermeer, que no se olvida ni siquiera de la alargada sombra que proyectan los clavos que sostienen el mapa.

Otros cuadros del artista, en alta resolución, de la pagina Art Project Google:
http://www.googleartproject.com/artist/johannes-vermeer/4127034/