13 de abril de 2013

El Temerario remolcado a dique seco, de William Turner



EL TEMERARIO REMOLCADO A DIQUE SECO
de
William Turner



El paisajismo
A comienzos del siglo XIX el paisajismo era un género menor dentro del mundo de la pintura, de segundo nivel comparado con la pintura de historia, la alegórica, la religiosa o la mitológica. Sin embargo los pintores del Romanticismo, como John Constable, David Friedrich, Anton Koch, Friedrich Schinkel, consiguieron dignificar la pintura de paisajes hasta el punto de convertirla en un género noble. Uno de esos pintores es William Turner, cuyo estilo diferente e inconfundible hace fácilmente reconocible cualquiera de sus obras a simple vista. 

El artista
Mientras los demás artistas se limitaban a captar con el máximo detalle paisajes sublimes donde las figuras humanas quedan empequeñecidas ante profundos acantilados o frondosos bosques, el pintaba tempestades, incendios, tormentas, convirtiendo a la tierra, el aire, el agua y el fuego en los protagonistas de sus cuadros. Y además lo hacía a base de brochazos sueltos, sin definir nunca las figuras, utilizando grandes manchas de color, algo que provocó duras críticas entre sus compañeros de profesión, llegando Anton Koch a comparar su obra con las manchas de suciedad. Sin embargo también encontró defensores, para John Ruskin, el escritor y sociólogo inglés, esta forma de pintar era mucho más real, ya que el propio ojo humano al contemplar un paisaje es incapaz de ver con nitidez en la lejanía, sólo intuye lo que hay. Y también más profunda, ya que Turner con esas manchas de color no sólo representaba un paisaje, también expresaba los sentimientos que éste le había producido.

El Temerario
Eso es precisamente lo que encontramos en “El Temerario remolcado a dique seco” donde Turner nos muestra una vista del Támesis, con un gran barco de vela remolcado por una moderna embarcación de vapor. La escena representa un hecho real que presenció el artista en 1838, cuando el HMS Temeraire, un veterano barco de guerra que participó heroicamente en la batalla de Trafalgar, es remolcado hasta dique seco para ser desguazado. Con su ojo romántico, Turner, debió ver en aquel acontecimiento un tema perfecto para una de sus obras y del que además se podía sacar una lectura más profunda: tanto una reflexión sobre el ciclo de la vida, inexorable, donde la vejez es sustituida por la juventud, como una imagen nostálgica donde los tradicionales barcos de vela son sustituidos por la máquina de vapor y la revolución industrial.

La luz
A la hora de componer el cuadro, Turner ha colocado al lado izquierdo tanto al barco de guerra como al remolcador, avanzando en diagonal hacia el espectador. Paralelamente, en el lado derecho, aparece el otro gran protagonista, el sol en el ocaso, bañando con sus rayos de sol toda la escena, y creando un magnífico efecto sobre el agua y las nubes que contribuyen a dar un aura romántica a la obra. Como en la mayoría de sus obras, el artista apenas ha utilizado tres colores para pintar el cuadro: blanco, amarillo y azul, aunque con una amplia gama de tonalidades. No necesitó más para dotar al cuadro de una fuerte carga emocional y para plasmar la densidad de la atmósfera que hay en la escena, donde la luz tiene un papel clave, generando diversos efectos en función de los elementos sobre los que se refleja.

Los detalles





Con las velas replegadas el Temerario es arrastrado como una carga hacia su triste destino. Sin embargo su dominante color blanco le hace destacar y le aporta cierta grandeza idealizada. Turner consigue transmitir la sensación de que el propio barco afronta con orgullo y serenidad su final. 
 





 






El remolcador que lo acompaña ofrece un fuerte contraste. Símbolo de la modernidad que ha llegado a Inglaterra con la Revolución Industrial, su aspecto por el contrario pierde al compararlo con el barco de guerra. Aquí el color que domina es el negro, destacando su larga chimenea que lanza al aire un abundante humo y sus grandes ruedas de paletas que golpean con fuerza el agua.
  


 

El sol, como tercer gran protagonista, está a punto de ponerse, ofreciendo un cierto paralelismo con el Temerario. Ambos se encuentran al final de un viaje, mientres el primero dejará paso a la luna, el segundo cede ante la llegada de los barcos a vapor.









Otros cuadros del artista, en alta resolución, de la pagina Art Project Google: