13 de agosto de 2013

Los sirgadores del Volga, de Ilya Repin


LOS SIRGADORES DEL VOLGA
de
Ilya Repin


El arte ambulante
En 1870 Rusia veía nacer una nueva agrupación de pintores, la Sociedad de Exposiciones de Arte Ambulante, liderada por Iván Kramskói. Esta asociación reunió a aquellos artistas descontentos con las limitaciones que imponía la Academia Imperial de las Artes de San Petersburgo. Siguiendo el estilo francés de Gustave Courbet y Jean François Millet, practicaban el realismo pictórico, tratando de mostrar con sus cuadros la auténtica realidad social de la Rusia del siglo XIX. La temática de su obra era costumbrista, centrada en las clases bajas; pero también paisajista, mostrando la belleza de la naturaleza rusa; sin olvidar el retrato, especialmente de intelectuales, escritores, políticos revolucionarios... El nombre de la sociedad viene de su afán por divulgar la pintura fuera de los círculos de la alta sociedad rusa, llevando sus cuadros en muestras itinerantes por todo el país, para que todo el pueblo tuviese acceso al arte. De ahí que lograsen gran fama y que comúnmente se les conociese como los Ambulantes o los Itinerantes.

El artista
Entre sus miembros se encuentra Ilya Repin, aunque no se uniría al grupo hasta 1878. Sus primeros pasos como pintor fueron en un taller de iconos, después accedería a la Academia Imperial, acabando su formación en Francia e Italia gracias a una beca. Su salto a la fama se produjo en 1873 cuando concluyó  Los sirgadores del Volga, mostrando una gran capacidad para representar la sociedad rusa. Pronto llegó a ser la máxima figura de los Ambulantes, convirtiendo sus cuadros en testimonios de las desigualdades sociales.

Los sirgadores
En el cuadro de los sirgadores vemos como un grupo de trabajadores, desde la orilla del río, con cuerdas entorno a sus torsos como si fuesen animales de tiro, remolcan a contracorriente una pesada embarcación. El día es soleado y los hombres, agotados, arrastran con lentitud pero sin descanso la pesada carga a la que están atados. Sus cuerpos se inclinan hacia delante por el esfuerzo, avanzando en diagonal, hacia la izquierda del cuadro, como si fuesen a pasar justo al lado del espectador. Al fondo de la pintura podemos ver otras embarcaciones navegando y la otra orilla del río, pero la línea del horizonte queda tapada por los sirgadores y su barco, reclamando toda la atención de la obra. Todo el conjunto está bien iluminado por la luz del sol, aportando una fuerte claridad sobre el agua del río y la orilla de la arena. Claridad que contrasta con el tono oscuro de los remolcadores, sucios y harapientos, logrando que destaquen con mayor fuerza.

Compromiso social
Esta obra es el fruto de un viaje del pintor a lo largo del Volga, donde pudo comprobar de primera mano la ardua tarea de los sirgadores, dejándole fuertemente marcado, tanto por la dureza inhumana de la labor como por la fuerza que mostraban al remolcar las embarcaciones. Realizó varias bocetos al natural, retratando a sus protagonistas, además de tomar notas con sus reflexiones. Aunque en el cuadro sólo aparecen hombres, era frecuente que las cuadrillas estuviesen formadas también por mujeres. Con esta pintura Repin pretendió denunciar la situación de estos obreros y a la vez rendirles un pequeño homenaje, pero no mediante una imagen patética que inspirase lástima, sino mostrando su resignación y fortaleza al ser capaces de realizar una tarea hercúlea más propia de héroes que de hombres.


Los detalles







De todos los trabajadores, solamente uno de ellos mira directamente hacia el espectador. Gracias a las anotaciones del pintor, sabemos que se trata de un antiguo sacerdote excomulgado. El hecho de que un religioso hubiese acabado como sirgador, sorprendió a Repin, por lo que le dio un papel especial en el cuadro, convirtiéndole en quien nos lanza una mirada tan expresiva, estoica y resignada, pero llena de fuerza y determinación.





Sin embargo de todas las figuras, la que más destaca es la del joven situado en el centro, con unas ropas más claras, la piel pálida y el rostro mejor iluminado por el sol, atrae en seguida la atención. Todos sus gestos le hacen diferenciarse de los demás a pesar de que viste igualmente harapos y lleva las cintas de cuero entorno a su torso. Pero su cuerpo está recto y levanta la cabeza para mirar hacia la otra orilla del río, mientras con las manos parece decidido a liberarse de sus ataduras. No hay que pasar por alto la pequeña cruz de madera que lleva al cuello. El artista parece confiar en la juventud y en la religión para hacer posible un futuro mejor.




Sobre el barco que los sirgadores arrastran, podemos ver a un par de marineros maniobrando para evitar quedar encallados en la orilla. En lo alto del mástil la bandera del Imperio Ruso ondea agitada por el viento, curiosamente aparece al revés, con los colores invertidos. Sin duda no se trata de algo casual, Ilya Repin la pintó así con toda intención, quizás para criticar a un estado ruso anclado en el  pasado que permitía la explotación de sus ciudadanos en trabajos tan inhumanos. Esa idea parece corroborarse cuando vemos en la lejanía una embarcación de vapor, símbolo de la revolución industrial, un progreso técnico que podría liberar a los sirgadores de su extenuante quehacer.

Otros cuadros del artista, en alta resolución, de la página Art Project de Google:

http://www.google.com/culturalinstitute/entity/%2Fm%2F030djp?hl=en&projectId=art-project