13 de mayo de 2014

Cristo en casa de sus padres, de John Everett Millais


CRISTO EN CASA DE SUS PADRES
de 
John Everett Millais


El artista 
El pintor John Everett Millais pocedía de una acomodada familia inglesa asentada en la isla de Jersey, una pequeña dependencia de Inglaterra ubicada en el Canal de la Mancha, frente a las costas de Normandía. La mayoría de su niñez la pasó en aquellas tierras, donde pudo desarrollar libremente su talento artístico, especialmente en el campo de la pintura. Sus padres, ante la evidencia de tener un niño prodigio en casa, decidieron trasladarse a Londres, donde podría recibir una formación más adecuada a sus capacidades. Con apenas 11 años, ingresaba en la Royal Academy, batiendo el récord de precocidad de la institución. Allí conoció a dos figuras clave para su futuro artístico, los pintores Dante Gabriel Rosetti y William Holman Hunt. Los tres juntos renegarían de la Academia debido a la rigidez artística que imponía  y formarían su propia asociación, donde podrían ejercer libremente su conccepción de la pintura, la bautizaron como Hermandad Prerrafaelista.


La Hermandad Prerrafaelista 
La primera sesión fundacional de la Hermandad tuvo lugar en 1848, en la casa que los padres de John Everett Millais tenían en Londres. El nombre de prerrafaelismo surgió porque pretendían recuperar el estilo artístico del primer Renacimiento, anterior a la obra de Rafael, especialmente fijándose en el Trecento italiano y la pintura gótica flamenca. Admiraban la luminosidad, la autenticidad y la sinceridad de esas primitivas obras frente al estilo manierista, recargado y vacío que imponía la Royal Academy fundada por el pintor Joshua Reynolds. Pronto se les unieron otros artistas y poetas como James Collinson, John William Waterhouse o Evelyn de Morgan. En las obras de esta hermandad destaca el trato realista de todos los elementos, en especial los de la naturaleza; el gusto por los temas medievales sacados de poemas o leyendas; el papel protagonista de la mujer en sus pinturas; la intensidad de los colores y la luminosidad de sus lienzos. 


El escritor John Ruskin 
El academicismo al verse amenazado fue muy crítico con los prerrafaelistas, denunciando en muchas ocasiones sus polémicas temáticas y composiciones. Pero también surgieron defensores, como la figura del sociólogo y crítico de arte, John Ruskin, famoso especialmente por su obra Las siete lámparas de la arquitectura. Ruskin encontró muchos lazos de unión con las ideas de la hermandad, como su admiración por el mundo medieval, su rechazo al arte posterior al Quattrocento, la poesía... Cuando Ruskin y Millais se conocieron trabaron endeguida una gran amistad, hasta el punto de que la mujer del primero, Effie Gray, hizo de modelo para uno de los cuadros del pintor. Curiosamente durante el proceso de creación de la obra, Everett Millais y Effie Gray se enamoraron, hasta el punto que ella -al parecer todavía virgen- se acabó por divorciar de Ruskin para poder casarse con el pintor, al que dio ocho hijos. Esta ruptura supuso el fin de la amistad entre ambos y fue la comidilla de la sociedad victoriana de la época.


Cristo en casa de sus padres 
En 1850 Millais presentó su obra más polémica, Cristo en casa de sus padres, donde representaba a la Sagrada Familia junto a Santa Ana, Juan el Bautista y un aprendiz de carpintero, en el taller de San José. El cuadro supuso el salto a la fama de la Hermandad, aunque lo hizo fruto de las duras críticas recibidas. La obra generó tanta repercusión que la misma reina Victoria, picada por la curiosidad, pidió que se la llevasen al palacio de Buckingham para poder admirarla.  El motivo de tanto interés en la forma que eligió el artista de tratar este tema religioso, sin ningún escrúpulo, como si fuese una escena cotidiana de una familia vulgar y corriente:  





El centro de la composición lo forman el niño Jesús y María, destacando sobre el conjunto por sus ropas blancas. Al parecer Jesús estaba ayudando a su padre en las tareas de carpintería, pero se ha cortado en la palma de la mano con un clavo. Su madre acude a ver la herida y mima a su hijo con un beso. El paralelismo con la futura crucifixión es evidente, el clavo, el estigma de la mano, la sangre. Millais recrea la futura Pasión a través de una inocente y muy realista escena cotidiana en un taller de carpintero.




A la derecha de la escena, un jovencito algo mayor que Jesús, trae un cuenco de agua para lavar la herida. Aparece prácticamente desnudo, únicamente lleva una especie de calzones de piel basta atados con una simple cuerda. Esos dos elementos, el cuenco de agua y los calzones, presumiblemente de piel de camello, nos permiten identificarle como Juan el Bautista. Al igual que sucedía con el tema de la Pasión, Millais vuelve a jugar con los símbolos, y conecta la figura de Jesús con su futuro bautismo a manos precisamente de Juan el Bautista en el río Jordán. La relación es sutil pero clara, la escena sigue siendo sencilla y cotidiana, pero sus conexiones van mucho más allá.



Del otro lado de la mesa, el carpintero José deja sus labores para atender a su hijo y comprobar el corte de su mano. El pintor lo ha dibujado con un aspecto claramente más envejecido que el de María, como indican los evangelios. En busca del mayor realismo posible sus brazos están remangados para que comprobemos que son delgados pero fibrosos, como corresponde a una persona humilde y trabajadora que se gana la vida con la fuerza de sus manos. Al fondo del taller encontramos otro elemento simbólico, una paloma observa la escena desde una escalera colgada de la pared. Gracias a ella el Espíritu Santo hace acto de presencia.

Paralelamente a la figura de José, encontramos la figura de Ana, la madre de María y por tanto la abuela de Jesús. Millais la representa de forma tradicional, con el aspecto de una anciana y la cabeza cubierta por un manto. Se inclina sobre la mesa para observar el clavo que ha provocado la herida de su nieto. A su espalda podemos ver como el taller se abre a un espacio abierto donde vemos un rebaño de ovejas en un redil. Sus cabezas se vuelven hacia la escena central y parecen observar atentamente. El cordero es un símbolo más de la Pasión de Jesús, otro elemento más con doble significado que el pintor incluye de forma sutil.




 
El cuadro en su conjunto es rico en detalles y marcado realismo. Los pies de Jesús se muestran desnudos, permitiendo mostrar cómo una gota de sangre ha caído sobre el empeine de su pie. La imagen nos recuerda de nuevo su crucifixión y los estigmas causados por los clavos de sus pies y manos. Las numerosas virutas de madera demuestran el interés del artista por recrear de la manera más fiel el taller de un carpintero.




Otras obras del autor en alta resolución de la página Art Project, de Google:
https://www.google.com/culturalinstitute/entity/%2Fm%2F0q0f4?projectId=art-project

2 comentarios:

  1. Hola! No aflojes con las publicaciones por favor, el blog está buenísimo!!!!
    Saludos, Matías

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